‘Molka’, la modalidad de espiar mujeres para la industria pornográfica

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Desde hace algunos años, en países asiáticos las autoridades luchan contra un fenómeno que ha vulnerado la intimidad de miles de mujeres y hombres al ser grabados por cámaras de seguridad ocultas en baños públicos o vistieres con fines pornográficos.

La ‘molka’ como se conoce en Corea del Sur donde nació este flagelo social, ha dejado como resultado más de 6 mil casos en tan solo un año.

El modus operandi de los ‘voyeurs’ es alojar microcámaras en sitios donde frecuentemente la intimidad de las personas sea expuesta, para luego vender el material a redes de pornografía.

Debido a los avances tecnológicos con los que cuentan los países de Asia, la ‘molka’ va en aumento, y sus modalidades cada vez van tomando nuevos escenarios: trenes, habitaciones de hoteles, relojes, e incluso las propias faldas de las mujeres víctimas, o corbatas en el caso de los hombres.

Recientemente, se descubrió el caso de un hombre que ocultó ‘spycams’ en los altavoces de un televisor dentro de un cuarto de hotel por más de cuatro años, registrando más de dos mil videos, los cuales podrían ser vendidos hasta por 90 dólares cada uno.

Ha Yana, una joven víctima de un caso similar al anterior narró a un medio internacional que el ‘Molka’ se ha convertido en un “virus”. A ella un hombre, la despertó una madrugada con una linterna apuntando a sus genitales. Tras el suceso, decidió fundar una ONG para atender a otras mujeres que han sufrido este fenómeno.

Frente al hecho, las autoridades coreanas han creado redes de detectores que revisan los sitios públicos para captar las microcámaras, y así llegar hasta los autores de estos delitos. No obstante, la tarea se dificulta en ciudades como Seul donde la tecnología es una gran aliada para ese y otros hechos delictivos.

En este sentido, se han establecido normas como por ejemplo el uso obligatorio de sonidos en los celulares al momento de tomar fotografías, sin embargo, se siguen registrando casos pues existen aplicaciones móviles que permiten silenciar las capturas.

Las mujeres coreanas también han decidido alzar su voz y tomar las calles. Al menos 22 mil, al grito “mi vida no es tu porno”, protestaron por la violación a su intimidad.

Según las leyes de ese país, quien incurra en ese delito debe pagar una multa en dólares, o es condenado a máximo cinco años de prisión, sanciones que no han sido suficientes para acabar con la ‘Molka’.